“Parece muy sencillo….”

¿Cuál es la misión de una empresa? Crear algo que sea valioso para los clientes. Lo decía Peter F. Drucker.

En definitiva, eso se traduce en “crear clientes”, que es el sentido esencial de la existencia de una empresa.

Todas ellas, grandes o pequeñas, han sido también startups. Su desarrollo, su crecimiento, su permanencia… son consecuencia fundamental de saber crear clientes. Y mantenerlos. Sin eso, desaparecen. Así de sencillo; y así de difícil.

Los gustos de las personas cambian, como cambian las modas, las tendencias, la sociedad, los mercados, la tecnología, la competencia… Reaccionar a estos cambios no es suficiente porque puedes llegar a destiempo. Hay que tratar de anticiparse. O reinventarse. Aquí podíamos usar también esa palabra tan al uso: innovar. Pero daría para otro tema.

Lo esencial no es evidente para los ojos”, decía Saint-Exupéry en su libro “El Principito”. Lo esencial no es evidente ¡pero está ahí, latiendo, esperando que una mente atenta sienta ese latido!

Ahora se habla mucho de que el dato es el nuevo “oro negro”, del poder de la IA, de las futuras capacidades de los ordenadores cuánticos… ¡pero nada sustituye al escáner mental de un empresario, a su curiosidad activa, a su visión, a su capacidad de descubrir lo esencial, que es eso que comprarán los clientes.

Hay empresarios que saben escuchar el alma de la gente y de la sociedad y encuentran lo esencial que transforman en los valores que buscan los clientes.

He visto muchos proyectos llenos de coraje, de capacidad, de tecnología, de oportunidad aparente… Sin embargo, al preguntarle al emprendedor: ¿Cómo vas a conseguir los clientes…? La respuesta muchas veces es descorazonadora. O inexistente… Es la pregunta más difícil de responder y es imprescindible darle una respuesta consistente. Si no, puede significar el “on” o el “of” de un proyecto.

“Pasar de las Musas al Teatro”– como dijo Lope de Vega, el autor más prolífico y exitoso que han tenido la literatura y el teatro en “Siglo de Oro” español- es pasar de la inspiración, de la idea, ¡a la creación! A la creación de esa obra -o pensemos en ese “producto”- que permite colgar en la taquilla del teatro el letrero “no hay billetes”…

Steve Jobs decía que a la gente no le importan los detalles del producto. “Explícales cómo les cambiará su vida”. Eso es vender.

Un ejemplo es el gran slogan que permitió que el IPod original atrajera a millones de personas: “1000 canciones en su bolsillo”.

Así de sencillo. Y así de difícil: Encontrar el concepto comprensible que explique el beneficio para el cliente.

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“El sentido de la vida… o de mi vida”

Llegando a estas alturas, después de los días recorridos desde que la comadrona me dio el primer azote, pienso y deduzco:

-¿Qué pinto yo en esta vida?  ¿Por qué elegí los caminos que seguí? ¿Qué fue lo que me impulsó? ¿Por qué no fui el periodista que quise ser o el aventurero en el que me pude convertir…?

Creo que la mayoría de la gente no se remonta a los porqués de las decisiones que tomó cuando las tomó.

Mi vida familiar y profesional chocan muchas veces. Tengo una familia maravillosa a la que le he dado mi vida y unas actividades profesionales que me abducen en algunos momentos. Seguramente hay una palabra que resume todo esto: COMPROMISO. Compromiso con mi familia y compromiso con mi actividad profesional.

-¿Es ése el sentido de mi vida? ¿Comprometerme? 

Pese a la prioridad que le dedico, finalmente, la que paga el pato del reparto de mi tiempo es mi familia. Y yo mismo, por el poco tiempo que queda para mí…

Dicen que la “ley” para alcanzar la felicidad es “tener la máxima libertad y la mínima responsabilidad”. Según eso yo no habría podido ser feliz como lo he sido y lo soy.

Simon Leys, en su libro “La felicidad de los pececillos. Cartas desde las antípodas” dice: “La irresponsabilidad -que es otro nombre de la felicidad- constituye un privilegio denegado a gente trabajadora y concienzuda…”No estoy muy de acuerdo puesto que una entrega responsable tiene su recompensa. ¡Pero no vayamos ahora a entrar en esas reflexiones!

Una parte esencial de mis afanes se los he dedicado a CCC, el centro de formación que cumple ahora 80 años.La pregunta es: -¿Por qué esa implicación tan intensa? 

Se me ocurre una respuesta que, creo, se sintetiza en una palabra: ILUSIÓN. Ilusión por hacer algo que parece útil a los demás… Y, quizá,  también a uno mismo.

Por eso también podría servir otra palabra: RETO. El reto, quizá, forma parte de una actitud ante la vida. Unos dirán que esa actitud es buena; otros dirán que no tanto…

Un amigo, político, me decía: “Yo no sé qué es lo que, con mi actividad política, estoy aportando a la humanidad…” ¡Esa sí es una gran duda sobre el sentido de la vida viniendo de alguien que lo debería tener tan claro…!

Llegados hasta aquí, podría concluir que algo sí ha aportado CCC a la humanidad y el empeño de tantas personas que, a lo largo de 80 años, hemos tratado de ayudar a miles y miles de personas a alcanzar sus sueños.

Esta foto que os enseño me ha causado un inesperado impacto.A veces hay cosas que, aunque las tengas delante de tus ojos, no caes en la cuenta del sentido esencial que encierran. Las damos por descontado.

La foto es de una entrega de diplomas a alumnos de CCC en Colombia. ¡Impresiona y emociona oir los relatos de esos alumnos! Los estudios que han finalizado han cambiado sus vidas. ¡Qué alegría transmitían por haber alcanzado su objetivo! Se sienten mucho más seguros de sí mismos, ven que sus familias y sus amigos les admiran por haber conseguido una profesión que les abre un nuevo futuro.

Los relatos de esos alumnos, y de tantos otros, sí creo que le dan un sentido a sus vidas. ¡Y también a la mía! Y a la de CCC, por supuesto.

Son ejemplos vivos, como también lo pueden ser, lo que hemos  podido transmitir mi mujer y yo a nuestros hijos y nietos, de que empujar sin tregua compensa y que eso también trae felicidad.

Jonas Salk, inventor de la vacuna contra la poliomielitis decía: “Nuestra mayor responsabilidad es ser buenos antepasados”.

¡Así debe ser!

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